2 feb. 2008

El secuestro de Drazen Petrovic

Otoño del 86. Una tarde aparentemente tranquila en la redacción en Barcelona de Gigantes a pesar de que todos andábamos atentos por la inminente llegada a España de Drazen Petrovic, la gran estrella europea del momento. El club azulgrana había iniciado conversaciones con el agente del jugador para vestirle con la camiseta azulgrana. Los mandatarios del Barcelona querían que la "bestia negra" del Real Madrid con la camiseta del Cibona lo siguiera siendo desde el Palau. Por su parte el club blanco, presidido por Ramón Mendoza, parecía destinado a seguir sufriendo los rigores del genio de Sibenik. En aquellos momentos, el Cibona viajaba con destino Barcelona haciendo escala en Madrid...

De pronto esa tarde tranquila enloqueció. Paco Torre
s nos anticipó la bomba: Petrovic, en una sala del aeropuerto de Barajas, en secreto, acababa de firmar un contrato con el Real Madrid. Sólo Gigantes se había enterado de la noticia más importante de la temporada. Drazen dejaba plantado al Barcelona de Núñez para aliarse con el enemigo, con ese Real Madrid al que había humillado en tantos partidos con sus burlas, con sus provocaciones, con sus exhibiciones.

Petrovic estaría unas horas en Barcelona, en un céntrico hotel. Allí, en teoría, tendría que convocar una rueda de prensa, que era esperada con expectación por todo el barcelonismo, ya que en ella tendría que anunciarse su próximo fichaje por el Barça. No obstante, todo cambiaría de signo según pasaban los minutos. El croata canceló la entrevista que tenía prevista con los directivos azulgranas. La próxima vez que lo vieran ya sería vestido con la camiseta del Real Madrid.

La bufanda y el secuestro

A partir de la llamada de Paco Torres, Josep Lluis García Surralles, el mejor y más experto fotógrafo del b
aloncesto español, se lanzó a la búsqueda de una camiseta del Real Madrid de baloncesto. Se dio cuenta entonces de lo duro que es ser "merengue" en Barcelona, al igual que culé en Madrid. Recorrió grandes almacenes, tiendas de deportes, centros turísticos... Nada. Imposible encontrar un emblema del Real Madrid en la Ciudad Condal. Se acordó entonces de ese familiar merengue que siempre anda escondido en cada familia catalana. Ahí encontraría una bufanda que sería suficiente para plasmar una foto de gran valor para la revista. Conseguido el emblema ahora sólo faltaba secuestrar al jugador. Casa nada...

Pasadas las nueve de la mañana, Surralles y el que esto escribe estábamos de guardia en la recepción del hotel en espera de encontrarnos cara a cara con Dra
zen. Suele pasar que lo que a veces parece imposible acaba convirtiéndose en increíblemente sencillo. Drazen bajó a desayunar cuando el resto de compañeros aun estaba durmiendo. Lo localizamos solo en una mesa del comedor, apurando un café con leche y unas tostadas. Nos presentamos, nos invitó a sentarnos a su mesa -siempre fue exquisito en el trato con los periodistas- y empezamos a hablar del baloncesto español; también de Madrid y de las chicas españolas. Nos encontramos con un tipo abierto, simpático, consciente de la repercusión que tendría la noticia de su fichaje por el Real Madrid y, por qué no, también divertido como un chico travieso ante la jugada que acababa de hacerle al Barça.

¿Seguro que tienes carrete?

"Drazen, queremos hacerte una entrevista y unas fotos, pero no en el hotel". Mientras
bajábamos hacia la salida él nos comentó que no dispondría de mucho tiempo y antes de que se diera cuenta estábamos dentro de un taxi en dirección a los Jardines del Palacio Real, un lugar tranquilo, adecuado para conseguir la imagen más esperada. Drazen hablaba de Mendoza, de Fernando Martín, de sus partidos contra el equipo blanco, de la grandeza de su nuevo club y del deseo, confesado en Gigantes meses atrás de vestir la camiseta del Real Madrid. "¿A dónde vamos?", preguntaba mientras el taxista se alejaba del hotel, Diagonal arriba...

Sacamos ese ejemplar de la revista en la que declaraba en portada. "De jugar en España sólo lo haría en el Real Madrid". Se hizo la foto con Gigantes y Surralles, hábil como siempre, sacó de su bolsa
la bufanda blanca del Real Madrid en el momento justo en que nuestro protagonista ya estaba más relajado ante la cámara. Drazen se mostró ligeramente reacio al principio, ya que todavía no se había hecho oficial el fichaje pero una vez se hizo la primera, una imagen discreta, cogió los dos extremos de la bufanda y la elevó al cielo haciendo la declaración pública de su nueva misión. Drazen, con esa foto, se declaraba madridista. Mientras el periodista veía como Surrallés realizaba unas fotos importantísimas para la revista, para nuestra trayectoria profesional y también de gran repercusión para el aficionado, no se me ocurrió otra frase que una pregunta absurda. "Surra, ¿seguro que hay carrete en la cámara?". Lo tenía, vaya si lo tenía. Y al martes siguiente lo pudimos comprobar en la portada de Gigantes. Una exclusiva increíble: el Real Madrid se aliaba con el enemigo y le quitaba al Barcelona al jugador con el que más soñaba.


Miguel Panadés
GIGANTES DEL BASKET
(Artículo publicado en el especial de los 1000 Gigantes)