3 abr. 2008

El pasaje más oscuro del basket europeo

Tras uno de los más apasionantes TOP 16 de la historia de la euroliga, los cuartos de final que ahora se disponen a comenzar reúnen todos los ingredientes para mantener le emoción hasta el final. De todos ellos el primero en arrancar cronológicamente, y quizás uno de los más interesantes, será el CSKA-Olympiacos (Martes 18:15 hora peninsular) en un duelo que se prevee duro y táctico dadas las características de los dos equipos, pero que difícilmente alcanzara las cotas de dramatismo a las que se llego en su primer enfrentamiento histórico.

A lo largo de los 50 años, que ahora se cumplen, de competiciones europeas, moscovitas y atenienses se han encontrado 19 veces con 12 victorias para el CSKA y 7 para los del Pireo, las ultimas dos este año con una victoria local para cada uno. Pero sin duda, ninguna tan polémica ni tan vergonzosa que aquella primera vez que se encontraron, curiosamente también en un play-off de cuartos previo a la final four, allá por la primavera de 1.995.

Mediados los años 90 el eje central del baloncesto heleno había virado de Salónica hacia Atenas, haciendo que el tradicional dominio en los últimos años de Aris y Paok pasara a manos de Panathinaikos y Olympiacos. A su eterna rivalidad los atenienses sumaban ahora otra y es que ambos buscaban con locura el primer cetro continental par Grecia. Con estas premisas no es de extrañar que la semifinal que les enfrentó en 1.994 fuera tensa y competida a más no poder. Símbolo del traspaso de poder Gallis y Fassoulas, otrora lideres de Aris y Paok, lideraban ahora a Panathinaikos y Olympiacos, aunque una extraordinaria defensa de Sigalas dejaba al primero en unos míseros 8 puntos, dejando estériles los 32 de Volkov y llevando a los portuarios a su primera final europea. Con un Paspalj que afrontaba su tercera temporada y el ex nba Roy Tarpley como pareja de extranjeros sólida y millonaria, poca gente concedía oportunidades a la Penya, que había entrado en la final a la chita callando. Pero cuando el inolvidable triple de Corny Thompson besaba la red y Zarko Paspalj fallaba desde el 4´60 el proyecto se desmoronaba.

De nada sirvió que llegados los play-off el equipo del Pireo se mostrara intratable y sumara el segundo titulo liguero consecutivo a costa del PAOK y que además supusiera el tercer doblete (se habían llevado la copa ante el Iraklis) de su historia (casi 20 años después del segundo), ya que la gran obsesión era Europa. Paspalj cambia de acera y se va al Panathinaikos, desde el cual recala Volkov y además Tarpley también es dado de baja.
Para sustituir al americano se busca de nuevo a un jugador de cartel NBA y tras sopesar varias opciones el elegido resulta ser Eddie Johnson. Jugador elegante y sobrio se había formado en la universidad de Ilinois, para después ser elegido en segunda ronda del draft de 1981(el de Isiah Thomas o Mark Aguirre entre otros) por los Kansas City kings, franquicia en la que permaneceria durante seis temporadas promediando cerca de 20 puntos por noche (si exceptuamos su año rookie donde no llego a 10) antes de emprender un periplo por Phoenix, Seattle y Charlotte. Prueba de que pese a sus 35 años aun es un jugador valido es que en los Hornets promedia 11´5 puntos con un 40% en triples, en su última temporada previa a su aventura europea. Como curiosidad cabe recordar que Johnson había sido elegido mejor sexto hombre justo un año después de que lo hiciera el propio Tarpley. Con la guinda de Johnson, el equipo del Pireo creía acariciar el sueño europeo más aun al comprobar la rápida adaptación de este, que en el tercer partido de la temporada europea contribuía con 32 puntos a vengar la final de la temporada pasada con la victoria del Olympiacos en Badalona.

Pese a mostrarse un tanto irregulares, los rojos acaban por asegurarse el segundo puesto de su grupo tras vencer en casa cómodamente al Kinder de Bolonia (89-64 con 34 ptos de Johnson y 20 de Volkov) en la penúltima jornada de la primera fase, lo que les garantizaba la ventaja de campo en el cruce de cuartos de final, ultimo escollo antes de la final four.

El rival resulta ser el CSKA de Moscú, 3º del otro grupo que presentaba igual balance de victorias y derrota que los griegos, pero se había visto relegado por el basket-average tras su empate con Madrid y Scavolini. Entrenados por Eremin, los moscovitas vivían tiempos de cambio y habían iniciado la competición con dos americanos: el diminuto base Evans, eléctrico y gran pasador y el rocoso pivot Patrick Eddie, aunque eso si acabarían por ser cortados. La base del equipo la formaban parte del núcleo duro que había llevado a Rusia a la meritoria plata del mundial de Canada, destacando sobre todo Karaseev un base escolta de gran capacidad ofensiva, Koudeline un impredecible escolta zurdo capaz de armar el brazo desde cualquier lado, el efectivo Panov y el resolutivo y talentoso ala-pivot Kissourine, armas estas que en cualquier caso parecían insuficientes para detener a la millonaria maquina ateniense.

Por aquel entonces los cuartos de final de la liga europea tenían la particularidad de que el primer partido se disputaba en casa del equipo con peor balance, así pues el 9 de Marzo de 1995 se disputa en Moscú el primer partido de la serie. Hasta el descanso todo transcurre con normalidad (45-44 para los locales), pero la segunda parte resultó una memorable exhibición ofensiva del CSKA, que con Karaseev y Koudeline anotando una y otra vez se apuntaba el primer tanto por un inapelable 95-65.

Las críticas de la prensa griega fueron feroces y, exceptuando a Johnson que se había ido a los 28 puntos, no respetaban a ninguno de los componentes de la fuerte plantilla roja. Pese al logico desencanto por la abultada derrota, más de 15.000 personas llenaron el palacio de la paz y de la amistad (o de las dos mentiras como sabiamente decía el gran Ernest Rivera) y pudieron presenciar uno de los mejores partidos del año, con grandes defensas, emoción y tres jugadores rayando a un nivel sublime: Johnson de nuevo 28 ptos, Volkov 22 y 11 reb y el moscovita Karaseev cuyos 31 puntos finales resultaban estériles en el marcador final (86-77).

Hasta este punto, y dentro de la relativa sorpresa que suponía el gran rendimiento ruso, todo marchaba dentro de unas pautas habituales pero, desgraciadamente, todo estaba a punto de quebrarse. Tras disputar el segundo partido el Martes 14, y estando previsto el tercero para el Jueves 16, el Miércoles 15 ha quedado grabado como uno de los más vergonzosos de la historia reciente del basket europeo.
Tras poco más de una hora de entrenamiento, varios jugadores moscovitas comenzaron a sentirse mal, pero lo que no parecía más que un problemilla se torna rápidamente en todo un drama: en poco más de un minuto y ante la incredulidad del cuerpo tecnico, Morgunov, Panov y Koudelin pierden el conocimiento y tienen que ser trasladados a un hospital. A medida que pasa la mañana el resto de jugadores va sintiendo distintas molestias, mareos o dolores de cabeza y apuntan a las botellas de agua que la organización les había facilitado. Examinadas las que aun no se habían abierto, se observó que presentaban varios agujeros en los respectivos tapones y se decide llevarlas a un laboratorio. El dictamen es rápido y concluyente, presentan un fuerte componente químico ajeno a la composición normal y cercano al ácido lisérgico. La situación va empeorando y Panov tiene que ser trasladado a la UCI mientras Morgunov entra en coma. Poco a poco su situación mejora, pero simultáneamente Karaseev y Kornev caen también gravemente enfermos y tienen que ser ingresados. Llegado el jueves, la estupefacción es total porque la FIBA se niega a aplazar el partido.

El CSKA llega al encuentro con solo cinco jugadores: Kissourine, Vadeev, Grezin, spiridonov y un semi-recuperado Kodelin que apenas se puede mantener en pie. En una demostración de coraje, los moscovitas llegan al descanso con tan solo 5 puntos abajo, pero en 5 minutos Koudelin cae eliminado y 10 después lo hace Grezin. Con 5 minutos por jugar, la megafonía helena pide al público que anime a los heroicos jugadores rusos, pero por entonces todo suena ya a burla y el Olimpiacos gana cómodamente. Por suerte los jugadores rusos fueron recuperándose poco a poco, pero la fechoría quedo indemne. La FIBA alego que si no había reclamación especial no podía hacer nada y desde Rusia, pese a la insistencia de Eremin, pesó más la “alianza ortodoxa” con Grecia que la sed de justicia. De una manera ensombrecida, el Olimpiacos llegaba de nuevo a la final four, donde habría de repetir la actuación del año anterior: semifinal victoriosa ante el Panathinaikos (la FIBA obligaba, en sus competiciones aun lo hace, a que los equipos de un mismo país se enfrentaran en semifinales), favoritismo y posterior derrota en la final ante un equipo ACB entrenado por Obradovic (esta vez el Madrid).
Pese a que volvieron a hacerse con la liga, Johnson (que volvió a buen nivel a la NBA) y Volkov salían del equipo para dar entrada a Walter Berry (que regresaba) y a David Rivers. ¿Justicia poética dirán algunos? Quizás, pero si hay que buscarla quizás se encuentre en que en la nueva temporada (95-96), CSKA y Olimpiacos fueron encuadrados en el mismo grupo y pese a que al final presentaron el mismo balance (10-4) el hecho de que los moscovitas ganaran su doble enfrentamiento hizo que, en un triple empate con el Benneton, el CSKA fuera primero y el Olimpiacos fuera tercero. Lo que puede parecer irrelevante, no lo es tanto al comprobar que al amparo de su publico el CSKA lograba el pase a la final four (caerían ante un Panathinaikos con el mejor Wilkins del año, 30 ptos) mientras que los del Pireo caían ante el R.Madrid. Quizás haya quien argumente que un año después, los del Pireo se hicieron por fin con el titulo, mientras el CSKA tuvo que esperar hasta 2006. Bien es cierto, pero se les escapa un detalle en 1996 el Panathinaikos fue el primer equipo griego en llegar a la luna (léase ganar la euroliga) y eso jamás podrá ser cambiado.

(Artículo sacado del foro ACB, realizado por el forero Sunara)