










Total, que llega a mis oídos que la plantilla del Vino de Toro de Zamora anda tramando montarse una gira por Estados Unidos. "El club no puede costear un viaje así. Tendréis que financiároslo vosotros. Eso sí, podéis contar con toda nuestra ayuda". Lógicas, claro está, las palabras del gerente Gerardo Hernández, ¿no les parece? Pero los jugadores siguieron erre que erre y comenzaron a organizar rifas y fiestas, venta de lotería y productos del club... Ante semejante movilización, el patrocinador daba un paso al frente: tirada especial de 3000 botellas etiquetadas con la foto del primer equipo. A venderlas toca. "En mi pueblo, Manganeses (Asturias), gusta mucho el vino. Es el típico pueblo de jamón, chorizo, vino... Mi abuelo iba a la sede del club, cogía el vino y lo vendía. Todas las botellas las ha vendido él. Si el vino no es bueno, la gente te compra una o dos botellas por compromiso y punto, pero como lo es, llegaron incluso a venir a buscarme a casa para que les trajera más", contaba el capitán, José Antonio Campano, cuyos novedosos métodos transaccionales le permitieron recaudar más dinero del que necesitaba para el billete.
Sin embargo, restaba lo más gravoso: el alojamiento. "Mi padre tiene una casa en Long Island. Nos vamos allá. No hay camas para todos, pero nos apañaremos con sacos". ¿Quién ha hablado? ¿Él? Así es, el americano del equipo, Kenny Atkinson, un base de Brooklyn casado con una sevillana, que había fichado por el CB Zamora tan sólo unos meses atrás para cubrir la marcha de Jordi Millera al Taugrés. "Voy a decir algo un poco fuerte, pero es vergonzosa la actitud de muchos americanos que viene a España. No hablan con la gente, se aíslan, sin darse cuenta que la relación personal ayuda luego en la cancha. El baloncesto se acaba pronto y la vida sigue. Lo importante es dejar amigos en todas partes donde vayas". Después de acordar varios partidos contra universidades, zas, viaje confirmado. ¡Aquí tenemos al primer equipo EBA de la historia en realizar una gira por Estados Unidos! Y yo me voy con ellos.
Que sí, que es cierto, que había que dormir en el suelo o, en el mejor de los casos, compartir cama, todo eso antes de hacer cola para entrar en el baño, pero con 21 años a uno se le quedan más las vistas desde la azotea de las Torres Gemelas o del Empire State ("Excuse me, excuse me, the Spanish Olympic Team" era la contraseña para saltarse las colas), las fotos en el vestuario de los Knicks junto a las taquillas de Ewing o Starks, la visita a una factoría Nike (yo me compré, entre otras muchas cosas, dos modelos de las primeras Jordan por 9'99 dólares. Y ahora me dice Emilio Cobos que valen una pasta) o los recorridos por la ciudad en una de las dos furgonetas de alquiler que conducían, con un par, el presi Félix Rodríguez o el entrenador Fernando Merchante.
También visitamos Liberty Island con el fin de inmortalizar los paisajes con la Estatua de la Libertad o el barrio de Manhattan al fondo. Pueden imaginarse la cara de los turistas allí presentes con la escenita de todo un equipo senior en ropa de juego, a cero grados de temperatura y posando con unas botellas de vino en el césped.
Ambos encuentros se saldaron con victoria de los anfitriones. 95-79 contra Southampton y 108-95 (fueron tres tiempos de veinte minutos en esta ocasión) frente a Stony Brook. "Por desgracia, las fechas y lo escricto de la NCAA impiden jugar partidos con árbitros, con marcador... Se ha jugado un baloncesto a lo playground, pero creo que esto también puede ser positivo para nosotros", valoraba el técnico, apoyado por el único estadounidense de su formación: "El baloncesto de playground es fundamental. Son gente que juega sin entrenadores, sin sistemas, sólo como saben. Si pierden, tienen que esperar seis partidos para volver a jugar, por eso salen a muerte. Imagínate que es tu hombre el que mete la última canasta: pasas una vergüenza terrible. Hay que jugar en la calle, llamar a tu amigo y decirle "oye, vámonos". El baloncesto de playground también es necesario porque aporta algo que no siempre un entrenador puede aportar: dureza".