La famosa acción que les voy a contar seguro que muchos han oído hablar de ella, o incluso saben de lo que voy a hablar pero para los que ni habíamos nacido cuando ocurrió este hecho, aún sigue sorprendiendo porque actualmente este tipo de "acontecimientos" es imposible que ocurran en el baloncesto profesional. Por eso, esa canasta de Alexander Belov en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 quedará en el recuerdo, pero no simplemente por la canasta en sí sino por los dos contrincantes y el contexto histórico del mismo. Simplemente tendría que ser morboso presenciar ese partido en directo. En plena Guerra Fría se enfrentaban los dos bloques que dividían el mundo en dos, la URSS y los EEUU, justo en el territorio donde se fragmentó y se fragmentaba el planeta.
En esa época, la URSS y los EEUU eran una potencia baloncestística mundial al igual que lo eran en temas políticos y económicos. Se estaba produciendo una Guerra Fría que mantenía al mundo en vilo y aún en una cancha de baloncesto esa tensión se palpó. El pabellón donde se disputó el encuentro sobrepasó su capacidad de espectadores, pocos se lo querían perder. EEUU dominó anteriormente las competiciones baloncestísticas sin oposición de ningún rival, repito, de ninguno. Ni por asomo se veía a la URSS como vencedora aún siendo también una potencia baloncestística, ya saben, en la Unión Soviética el ejército promocionaba el deporte y el Baloncesto era uno de ellos.